martes, 29 de mayo de 2007

HOLA, QUERIDOS BLOGEROS

Empezaré por deciros que mis asuntos médicos van por buen camino. Hoy he iniciado el tratamiento, tras el repaso que me hizo ayer un osteópata que me colocó todos los huesos en su sitio. ¡Es una experiencia que vale la pena vivir, al menos una vez en la vida! Ahora puedo mover el cuello como cuando era niña... En fin, que hay que cuidarse. Lamentablemente, el dolorcillo aparece de vez en cuando para recordarme que solo llevo un día de tratamiento y no tengo aún que echar las campanas al vuelo.
Estos días estoy escribiendo biografías de grandes personajes españoles por encargo de una editorial que publica libros de español para extranjeros. Me gusta mucho hacerlo, pero me canso físicamente y debo realizar más pausas que hace unos años... Así es la vida, así que, jóvenes, carpe diem, etc. (creo que esto ya os lo dije en otra entrada).
Mi trabajo consiste en contar las vidas de estas figuras heroicas de forma novelada, con las palabras más elementales y la sintaxis más simple, pero manteniendo el respeto y la grandeza que merecen. Es un reto, no resulta siempre fácil, se puede confundir facilidad con banalidad, pero yo lo hago con todas mis fuerzas y mi mejor voluntad, y ya el editor corregirá lo que deba ser corregido.
A veces, en las pausas, mientras hago gimnasia o tomo algo o realizo cualquier actividad no intelectual, enciendo la tele y pillo, una vez más (son omnipresentes por las tardes) los programas de vísceras que ya he criticado en entradas anteriores. ¡Qué contraste entre unas vidas y otras! Las de la pantalla de mi ordenador y las de la pantalla del televisor... En muchas de estas últimas, ¡qué falta de moral y de decencia, términos que parecen anticuados, pero que yo reivindico cada día más! Y ya sabéis que, cuando hablo, de decencia, no nos confundamos, no me refiero a temas sexuales, que, la mayoría, para mí, están fuera de calificación moral; me refiero al engaño, la mentira, la codicia, el insulto...
Hoy, una periodista, M.P., ha contado cómo un tal J.M. la telefoneó años ha para pedirle que, por favor, no divulgara su relación extramarital con una famosa I.P. La periodista le prometió guardar silencio y, en cuanto acabó la llamada, hizo pública la "noticia"; para rematar, llamó a la esposa humillada e intentó contársela, pero la esposa no quiso escucharla y bien que hizo. Pues bueno, esta periodista que miente y engaña divulgando un tema privado tras haber prometido que no lo haría, cuenta su inmoral actuación muerta de risa y entre sonoros aplausos. Al parecer, a la gente que va a los platós la drogan o la hipnotizan para que ría y aplauda oiga lo que oiga, o yo soy una retrógrada que aún creo en la palabra y los principios, o esta sociedad que adora el becerro de oro y la banalidad tiene que despertar y reeducarse... En eso estamos.

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