viernes, 18 de mayo de 2007

ACTUALIZO...
Sin muchos ánimos. No sé cuánta ni qué gente me lee, ¿solo el reducido círculo de las amistades y conocidos o llego a los anónimos? ¿Interesan a alguien mis opiniones, desahogos y experiencias?
Imaginemos que sí. Prosigo.
Me acaban de confirmar que tengo la enfermedad de Paget. Miré en Wikipedia (gracias a todos los benévolos contribuyentes) y supe que es una enfermedad de los huesos no demasiado grave aunque molesta: a mí me dan latigazos de dolor imprevisibles y un cansancio anormal que me impide estar de pie mucho rato. Sería peor si afectara al cráneo; por suerte, en mi caso se trata de la cadera derecha, aquella en que, desde adolescente, se me clavaba la barra de la cama plegable en la que dormía... Pero dejemos esas y otras miserias para mi libro "No me iré sin decirlo", que hasta mi médico me ha dicho que lo expulse de una vez, que las cosas tienen que salir y que no basta contarlas en la intimidad a unas pocas, buenas y pacientes amigas. Así que, pese a la amenaza de denuncia (por parte de uno de mis hermanos) que pesa sobre mí si me atrevo a contar historias familiares, es posible que me decida a publicar este libro que llevo diez años fraguando... desde que la tragedia anunciada tuvo lugar al fin, en todo el esplendor de su barbarie.
¿Qué contar, si por culpa de la baja apenas salgo, como no sea al médico y la rehabilitación? Ni cine, ni excursiones, ni nada. Análisis médicos, algo de escritura y mucha vida doméstica y papeleos.
Como de costumbre, salir de casa es enfrentarse al prójimo, a un prójimo que, en muchos casos, actúa como si desconociera los más elementales principios de la convivencia: ceder el paso, no tirar nada al suelo, respetar el turno... Mi hijo mayor dice que me estoy volviendo neurótica con la edad; yo creo solo que tengo la piel más fina, que percibo con mayor nitidez la injusticia, el abuso, la estupidez, la grosería. También, a la contra, valoro y disfruto más la cordialidad, la generosidad, la cordura.
Hoy he tenido de todo.
Bueno:
-el señor que me ha dejado pasar delante de él en correos porque solo quería echar mi carta con prolongación de baja (él llevaba mucho más material).
-la sonrisa y afabilidad de la enfermera que me ha hecho el análisis de sangre.
-la señora desconocida, sentada a mi lado en la sala de espera, que me ha ayudado a ponerme la chaqueta con tanta espontaneidad.
Malo:
-la tipa ataviada con un traje pantalón vaquero (de tela bien fea, por cierto) que, a las 9´15 horas, calle Churruca arriba, no me ha dejado "adelantarla" ni por la derecha ni por la izquierda, y casi me atropella al cruzárseme para entrar en la oficina de la Seguridad Social...
-El médico que "cuela" a sus amistades sin considerar el número que llevan ni a los pacientes "pacientes" que respetan el turno.
-El tipo sesentón bien vestido que tira al suelo un papel hecho pedacitos antes de entrar en una tienda de Maisonnave, donde hay papeleras cada pocos metros.
Conclusión: La polémica "Educación para la ciudadanía" debería incluir Normas de Urbanidad y ser obligatoria para todos los ciudadanos en ese apartado, pues lo curioso es que son los mayores los que con más entusiasmo las incumplen. Al menos los jóvenes tendrían la excusa de que nadie se las ha enseñado...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que dices de la mala educación es verdad. Aunque sigo creyendo que eres un poco exgerada.
Sin lugar a dudas, la ciudad con más maleducados por metro cuadrado es Madrid (igual porque hay tanto agobio de gente siempre en todas partes). Ahora mismo , estoy compartiendo mesa con un tipo que al llegar yo para conectarme a internet con el portátil, no ha movido ni un ápice el suyo. Claro que también está la chica de al lado que se ha ofrecido a enchufármelo. Curiosamente, el tipo es un señor de mediana edad que seguramente sea muy respetable y la chica es más o menos de mi edad. Así que menos hipocresía y menos hablar de la "generación del botellón", que bastante normalitos hemos salido.

Anónimo dijo...

Creo que en internet se llama "lurker" al que lee sin escribir en los foros. Yo, hace tiempo escribía en foros de discusión de internet, pero, al igual que se hece raro escribir sin saber quines ni cuentos te leen, a mí se me hacía harto desagradable el discutir/dialogar con gente de la que desconoces las facciones, ¡se pierde tanta información! En cuanto a lo de la mala educación, también hay que tener en cuenta que con la edad las mujeres nos hacemos invisibles, y entonces la gente mo hace gasto en urbanidad y por eso parecemos exageradas cuando protestamos :-) pero tenemos más razón que un santo

Sara

Consuelo Jiménez de Cisneros dijo...

Para Dani: creo que la única defensa es un ataque, o sea, decirle al tipo bien vestido que, por favor, te deje sitio... con una grande y falsa sonrisa. Desde luego que bastante buenos sois los jóvenes con el mal ejemplo que dan tantos mayores...
Para Sara: me alegra que me sigas leyendo. Recuerdo cosas del colegio, me traes mucho pasado a la memoria. En cuanto a lo de "invisibles", a veces es mejor, se va más tranquila...

Anónimo dijo...

Aquí en San Sebastián estoy en una ciudad a lo luxemburgo, es decir, con gente bastante cívica, la verdad es que yo creo que no es la edad sino el haber salido de Luxemburgo, con gente que cede el paso en los pasos de peatones, y llegar a Alicante, donde no paran casi ni en los semáforos.

Aun así, aquí en Sanse las unicas personas que casi me atropellan cuando voy en la bici son gente mayor con su mega-coche-mercedes y los que paran suelen ser jóvenes.