martes, 30 de marzo de 2010

UN DESAHOGO Y UN CONSEJO

Cuando organicéis una comida que os importe mucho, NO lo hagáis en un sitio desconocido para vosotros y NO os fiéis de la apariencia lujosa.
Este fin de semana celebraba una comida en cierto restaurante -ubicado en un lugar emblemático de Alicante- en homenaje a mi hijo mayor, por sus bien ganadas oposiciones, y me he llevado un gran disgusto. Es cierto que elegí un menú sencillo, porque mis medios no me permitían otra cosa, pero "sencillo" no debería significar "cutre" ni "menguado". El menú tenía una publicidad engañosa, pues el primer entrante se presentaba como "Plato de ibérico". Al decirme que además de jamón había chorizo y salchichón, lo transcribí como "selección de ibéricos" -para no repetir lo de "plato", que aparecía tres veces-... y resultó que lo único "ibérico" era un jamón con más tocino que otra cosa.
Me consta que algunos invitados debatieron sobre el pálido color de los langostinos, aunque por suerte no sentaron mal a nadie -que yo sepa-, pero desde luego su tono era muy triste. La mesa de los jóvenes, donde había nueve comensales, tenía la misma ración al centro que las mesas de siete... Menos mal que mi amiga P. les nutría con las sobras de la suya. De la tarta de tiramisú, solo diré que debía de ser para quince personas y no para treinta, dado lo exiguo de la porción, más considerando que ese era el único postre.
Al final quise ser amable con los camareros, que no tienen la culpa, y les ofrecí un bombón que agradecieron. A la hora de pagar, la encargada me preguntó qué me había parecido y no quise decirle lo que realmente pensaba, ¿para qué añadir un disgusto a otro? Eso sí, le pedí el teléfono del pastelero con intención de llamar y preguntarle de cuántas raciones le habían encargado la tarta; pero, al llegar a casa, decidí que no valía la pena: rompí el teléfono junto con todas las tarjetas y publicidades del sitio.
Ahora sé dónde haré mis próximas fiestas: en lugares garantizados, probados de antemano. Espero tener ocasión de más celebraciones y confío en que, en las próximas, la comida esté a la altura de la categoría y el afecto que demostraron nuestros invitados.

viernes, 12 de marzo de 2010

DELIBES

«Con su sola presencia, aligeraba la pesadumbre del vivir». Es frase de Delibes, recién entrado en el panteón de la Historia literaria; frase dedicada al amor de su vida, que además fue su mujer durante casi treinta años. Cuando la perdió, perdió su referencia y pasó largo tiempo sin escribir. Ahora que ha muerto y todos hablarán de tantas cosas: de sus libros, su posición política, su época, Fraga, la censura, el camino, las ratas, el norte de castilla y tantos etcéteras, yo quiero recordar a un hombre que tuvo la inmensa suerte de amar y ser amado, de comunicar y comunicarse, de escribir y ser leído. Le pasó lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano ¡y encima dicen que era triste y pesimista! Ya comprendo que no vivía en un mundo perfecto, que había muchas cosas que le desagradaban en su entorno y en su sociedad -que sigue siendo la nuestra, que no ha cambiado tanto, que continúa habiendo egoístas, cotillas, lujuriosos, vagos, crueles incontrolados como los que describe en sus novelas; pero, junto a ellos y a pesar de ellos, encontramos buena gente, honrados, trabajadores, curiosos, inocentes, que también aparecen en sus novelas-. Pues eso, que nos contó cómo era su mundo, nuestro mundo, el mundo, y que se ha ido. Y que, como pasa con los grandes, no se ha ido del todo porque nos queda su obra, ese regalo que hizo a Castilla, a España, al castellano, a todos sus lectores.

jueves, 25 de febrero de 2010

Gracias a la vida, que me ha dado tanto...

Quiero empezar dando las gracias a C., un profesor de Bilbao que lee mi blog y me anima a publicar un libro con este mismo nombre: "No me iré sin decirlo". Le suena a reivindicación romántica, a ajuste de cuentas, a película del Oeste. Gracias a él y a todas las personas que me empujan a seguir adelante, a todos los que me regalan una sonrisa, unas palabras, un detalle de amistad, de comprensión, de afecto, unos minutos de compañía... ¡Qué afortunada y rica soy en todo eso!
Acaba de salir publicado mi libro de poesía "Aquella luz, aquellas sombras". Leo con emoción los versos que recogen mi vida, mis recuerdos. El poemario es una anticipación de la prosa que preparo, el libro de memorias que saldrá a breve-medio plazo (he prometido no cortarme el pelo hasta que lo publique, y ya empieza a percibirse como "pelo largo").
Mi libro de poesía, para quien le interese, estará a la venta dentro de unos días en las librerías y sobre todo en el punto de venta del Instituto Juan Gil Albert, de la Diputación de Alicante, que es quien lo edita.
Incluyo el primer poema:

AQUELLA LUZ, AQUELLAS SOMBRAS

Aquella luz de la infancia,
blanca de sol y amarilla,
que entraba por los balcones
de la ancha casa perdida
iluminando las cosas
que entonces aún eran mías,
hechas hoy frágiles fósiles
en el ámbar de los días.

Aquellas sombras cálidas,
sus voces, sus caricias,
sus pasos encendidos
en la noche más fría,
son ahora tierra y polvo,
perfil de fotografía,
el recuerdo de un recuerdo
que en las palabras habita.

Luz y sombras: vais conmigo;
viviréis mientras yo viva.

Saludos a los pocos/algunos/nosécuántos que me leen.

lunes, 1 de febrero de 2010

TRABAJAR HASTA LOS 67 Y MÁS SOBRE CORTESÍA

Mirémoslo en positivo. Trabajar hasta los 67 es alargar la vida, es retrasar la vejez. Lo que hay que hacer es adaptar los trabajos a la disminución de fuerzas inherente a la edad. Por ejemplo, a los profesores se les sustituye parte del horario docente por horario administrativo, de biblioteca, etc. Hay trabajos en que estas adaptaciones son posibles, otros en que no, y en los segundos la jubilación habrá de producirse cuando corresponda, pensando en la salud y el bienestar del trabajador por encima de cualquier otra consideración. ¿Lo sabrán defender así los sindicatos?

Hoy he ido a una librería a un encargo; la dependienta, que no sabía qué hacer, ha llamado al propietario y le ha dicho: "Que aquí la chica trae una cosa..." No he podido evitar reírme. Era mi pausa del trabajo e iba vestida con un traje de chaqueta clásico. Tengo cincuenta y tres años y no los disimulo. ¿Se me puede llamar "la chica" como si tuviera diecisiete o como si fuera la chica de los recados, la chica del gato, la chica yeyé? Dicho sea con todo el respeto a todas esas chicas.
El problema es que la dependienta no sabía que emplear "señora" no es anticuado, sino apropiado. A la juventud no se la educa en el protocolo del tratamiento. Hace unos días estuve en un colegio privado religioso, donde los alumnos se pusieron en pie al entrar yo en el aula para darles mi charla. La profesora acompañante me dijo muy orgullosa que esa era la costumbre del colegio: que los alumnos se levantaran al entrar un adulto en su clase. Mi buena impresión se derrumbó cuando un alumno me tuteó con todo descaro para hacerme una pregunta. Al acabar, le expuse a la joven profesora mi desconcierto ante aquel tuteo inapropiado y me contestó muy suavemente que el tuteo era un signo de afecto, no una falta de respeto. Me pregunto qué afecto podía sentir hacia mí un alumno de trece años que me veía por primera vez. No quise contestar a la profesora porque a veces una se cansa de estar siempre explicando cosas que ya deberían saberse.
¡Cuánto podríamos aprender de los franceses, que saben saludar, despedirse, excusarse y dar las gracias, y encima saben distinguir entre el tú y el usted y usar cada uno de estos pronombres cuando corresponde!

sábado, 23 de enero de 2010

YO TAMPOCO PUEDO DEJAR DE ESCRIBIR

Buscando otra cosa, he descubierto un blog magníficamente escrito, con crítica de la actualidad interesante, sensata, con la que me identifico al cien por cien; en sus entradas no hay ni un solo comentario y sin embargo el autor "no puede dejar de escribir", así lo reconoce. Yo tengo al menos un lector que me deja como comentario un absurdo y ridículo poema; esto me asusta y me preocupa un poco. ¿Vale la pena exponerse para comunicar? No chateo ni uso facebook, aunque me han invitando reiteradamente a ello. Mi único contacto fuera de mi correo electrónico es esta página de anónimos y desconocidos lectores.
Como mi amigo con el que no me atrevo a contactar y no sé si lo haré algún día, ese que no puede dejar de escribir, yo tampoco puedo. Dedicaré esta entrada a un augurio apocalíptico: alguien vendrá a poner orden, y limpiar los mocos duele, así que preparémonos. Vivimos en una sociedad absurda, en un país -ya no sé si uno o varios- dividido, sin principios morales, sin cohesión social, sin ideales comunes, sin proyectos conjuntos, sin querer definirnos, renunciando a nuestras señas de identidad, regidos por un individualismo feroz y amoral que busca la ganancia fácil, que premia al malo y castiga al bueno, que confunde cortesía con antigualla, que quema la tierra sin pensar en el mañana. A pesar de todo, hay una juventud excelente que trata de buscarse la vida, hay personas honestas y competentes que tiran del carro, hay más de diez justos escondidos entre miles de sinvergüenzas y supongo que por eso aún no nos ha caído el fuego del cielo. Esto es lo que hay y como yo, a mi edad, nada puedo solucionar, excepto tratar de ser honrada en mi diminuta parcela, de sobrevivir cada día en el trabajo como si fuera robinson en la isla, como cuando me peino en casa aunque esté sola y nadie me vea, pues he decidido que en cuanto pueda me voy, que me aplicaré el consejo del sabio, que la única salida es "retirarse del mundanal ruido".
Me dice A. que ahora está el caballo encima del jinete. Tiene razón. Anoche se me ocurrió encender la tele mientras cosía -algo que todavía hago antes de tirar la ropa a la basura- y como no quería ver película empezadas, me topé con una ¿periodista? metida a cantante, que no sabe cantar, que actúa de un modo ridículo y patético y que se toma en serio, que es lo peor; no se conceptúa bufón de nuestra corte global, se atreve a compararse con una artista profesional y a regarla de su mala baba y encuentra quien le ríe las gracias -ay, j.j., tú que eres inteligente, lo que haces por ganarte el pan, seguro que en tu fuero interno sientes escalofríos-; y si cambio de canal, me encuentro a un grupo de ¿periodistas? que están interesados en un señor que gestionó la carrera musical de su hermana, célebre cantante ya varios años difunta, y al parecer es de común interés saber si este señor es infiel o no a su esposa, si sisó o no a su hermana difunta, si debe dinero a alguien, y este señor va y lo cuenta todo cobrando por ello; y esto es serio, y esto es un programa de la tele, y esto lo ven millones de personas (yo, por supuesto, no, solo los segundos justos en que duró la presentación). Zapeo en vano, guardo la costura y cojo un libro para no vomitar.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Hoy 24 de diciembre de 2009

Hoy día 24 de diciembre de 2009 retomo mi blog, que se podría llamar, como el de mi hijo mayor, "blog de las pocas actualizaciones". Aunque solo sirva para que yo lo lea, será una memoria de momentos que quizá en algún futuro imperfecto tendrán sentido.
Voy al presente. Estoy participando en un proyecto muy interesante: un libro colectivo redactado por profesores españoles en el extranjero que cuentan sus vivencias particulares y profesionales. Estamos buscando una editorial que nos publique y promocione; vale la pena, porque las historias son muy buenas, cada una en su estilo, y sobre todo, muy auténticas. Solo personas dispuestas a dar, generosas de su intimidad y sus experiencias, son capaces de contarlas y trasmitirlas a otros, lo que a mí me parece un regalo y un acto de valentía. No me refiero a contar intimidades impúdicas, sino a compartir vivencias y emociones que pueden ser útiles, o al menos de grata lectura. No me gusta la gente reservada que no dice nada de sí misma: su silencio habla por ellas y suele indicar que, o no son de fiar, o no tienen nada que contar. Recuerdo una reunión de compañeras -todo mujeres- hace muchos años (en el curso 81-82) cuando estaba destinada en la Vila Joiosa (Alicante): todas, por turno, fuimos contando algo particular, desde un parto difícil a un amor imposible, un viaje extravagante o una historia familiar. Solo hubo una de nosotras, R., que no despegó los labios. A mí me parecía como cuando todos aportan algo a una comida y alguien llega con las manos vacías. No tardé en comprobar que nunca tendría sintonía con R.
Estamos en navidad y en estos momentos se piensa en los ausentes, los que se llevó la muerte y los muertos en vida. A uno de estos últimos dirigí una carta rogándole me informara sobre el destino que pensaba dar a la colección científica de nuestro común abuelo. No me ha contestado, es decir, su silencio y algún otro suceso casi intranscendente han sido la respuesta. Él y el otro como él irán a la iglesia, comulgarán, asistirán devotamente a las ceremonias religiosas propias de la navidad. Pero, en lo más hondo de sus corazónes, creo que los dos saben que la navidad está definitivamente muerta cuando no hay bondad, ni justicia, ni misericordia. Ya pueden sonar las campanas, ya pueden repicar las zambombas, ya pueden desgañitarse con los villancicos, ya pueden atracarse de turrones: si no hay amor, de nada les vale (perdóname, Pablo de Tarso, por plagiarte).

jueves, 23 de abril de 2009

Queridos amigos de mi blog: yo creía que nadie me leía, porque apenas recibía comentarios; sin embargo, encuentro gente que me lee, aunque no me escriba. He decidido que voy a retomar de nuevo esta forma de comunicación global. No abusaré de vuestra paciencia y solo escribiré un folio por semana, será un intento de ascesis para reprimir mis casi irreprimibles ansias de expresión.
Hace un par de días leí una noticia de prensa que parece anecdótica y, sin embargo, puede conmigo. Se trata del niño ibicenco de 11 años Olav, al que su colegio no le permite redactar los exámenes en castellano, su lengua materna. Da igual que la Constitución lo autorice, que diga que el castellano es la lengua de todos los españoles y que todos tenemos el deber de conocerlo y el derecho de usarlo. En Baleares, y no solo allí, se ha creado una situación que recuerda las dictaduras más kafkianas: es una partitocracia basada en la ambición de gobierno de los políticos, sin dar cabida al sentido común ni a los derechos e intereses de los gobernados. Ya sabéis que los funcionarios no podemos entrar a trabajar en Baleares sin pasar un examen que no consiste solo en la lengua catalana, sino en cuatro pruebas de cultura de tal nivel, que desaniman a cualquiera; por ejemplo -contado por un colega que lo vivió en primera persona-, hacer un comentario de texto de un documento del siglo XVIII redactado en mallorquín antiguo. Se trata de cerrar fronteras, en vez de abrirlas, cayendo en una endogamia patológica, que perjudica a todos.
Que un niño escolarizado en la escuela pública de Baleares solo pueda estudiar en catalán va contra los derechos de la gente con menos recursos, porque los ricos y poderosos, los mismos que elaboran esas leyes y convenios nefastos, harán que sus hijos aprendan el español, el inglés y lo que haga falta: para eso están los centros privados y las escuelas internacionales.
El gran lingüista Coseriu, al que tuve el privilegio de escuchar en más de una ocasión, ya advirtió de estos peligros: de enseñar hablando a los negros de norteamérica en su argot o a los hispanos en el suyo, lo que suponía condenarlos a seguir en donde estaban. Pero eso es lo que quieren los políticos: seguir donde están.