lunes, 25 de junio de 2007

CIERRO EL BLOG
Después de cuatro entradas sin ningún comentario, creo que debo cerrar este blog. A decir verdad, tengo muchas más formas de comunicarme y muchos escritos pendientes: la historia familiar sobre la que pesa la amenaza de uno de mis hermanos si me atrevo a publicarla, los textos que me ha encargado una editorial que trabaja material de español para extranjeros... y otras cosas a medio fabricar o en trance de ver la luz impresa.
Se lo cuento a mi hijo menor, que me acaba de telefonear, y me dice que él me lee aunque no ponga comentarios. Ya sé que eso es así y que él no es el único que me lee "en silencio". Lo que pasa es que considero que el sentido del blog es el intercambio y, si este no se produce, pues a otra cosa.
Quizá dentro de un tiempo lo recupere. Por el momento, se acabaron las críticas de películas, las quejas sobre la telebasura, la mala educación y la hipocresía moral, los mínimos diarios intrahistóricos. Un abrazo a todos los que me habéis leído: espero que sigáis leyéndome en mis libros.

miércoles, 13 de junio de 2007

YO TAMBIÉN PUDE SER BANAZ.
Una noticia que me ha impactado y me ha herido de modo particular. Qué habría sido de mí si hubiera vivido unos kilómetros más al sur o unos años más atrás en el tiempo. Probablemente, me habría ocurrido lo que a Banaz.
Banaz es esa mujer que ha sido asesinada por su parentela masculina por osar enamorarse sin permiso. Yo hice lo mismo (enamorarme sin permiso de la familia) y mis dos hermanos varones, aunque no me mataron físicamente, sí acabaron conmigo emocionalmente, hasta el punto de destrozar todo el cariño que sentía por ellos, hasta el punto de despojarme de lo que me correspondía, de borrarme del libro de familia para que mi nombre no figurase como copropietaria de bienes familiares, como era de justicia (pero ya Federico dijo: "no compartiré nada contigo"). Nunca olvidaré mientras viva sus miradas de desprecio, sus hoscos silencios, sus insidias, sus burlas, sus insultos, sus exabruptos, ese ningunearme, ese aprovecharse de mí, la brutalidad de uno y la hipocresía de otro (sigo encontrando peor lo segundo que lo primero). Todo esto me viene a la cabeza cuando leo sobre ese crimen horrendo de una mujer joven, hermosa, fuerte, inteligente, al que unos varones probablemente mucho más limitados que ella en lo intelectual y en lo emocional, han asesinado sin piedad por el puto "honor", ese invento miserable con el que encubrir lo que puede ser fanatismo cerril, vanidad estúpida, codicia interesada. En eso consiste el "honor" tal como esa gentuza lo entiende. Ya decía Quevedo dónde estaba la honra... No voy a repetirlo para no pecar de soez.

Acabemos bien. Hoy he resuelto un problema dialogando sin rencor y sin ira. Esto me hace sentir bien. Claro que el mérito no es solo mío: también, al 50%, de la receptividad de la otra persona. No se puede dialogar con todo el mundo, doy fe de ello. Pero qué alegría más grande cuando sí se puede.

jueves, 7 de junio de 2007

AYER ME COMUNICARON QUE ME HAN CONCEDIDO UN PREMIO LITERARIO, el XVIII de Relato del IES Ategua de Castro del Río (Córdoba). Estuve allí no hace mucho en recorrido de promoción lectora con mi buena amiga Mª A. de Edelvives. Castro del Río es el pueblo donde nació mi abuelo materno, Federico, el juez. Yo no lo conocía, así que aproveché para recorrerlo. Llovía a cántaros, pero gracias a M., una simpática profesora del lugar, recorrimos las calles y las plazas y hasta nos metimos en alguna casa de esas construidas con la argamasa del tiempo y el buen gusto, que tenía una vista espectacular sobre el valle. La bibliotecaria del lugar tuvo la amabilidad de enviarme, pocos días después, un email con reproducción del folio donde constaban los nombres de mis bisabuelos y sus hijos, dando fe de que efectivamente allí vivieron.
Mientras visitaba el pueblo en el que Cervantes estuvo preso en una de sus andanzas (él es mi santo patrón en eso de convertir en materia literaria lo malo y lo bueno que nos pasa) vi las bases de un concurso literario local. Estaba a punto de acabar el plazo para la admisión de trabajos y yo prometí, muy espontáneamente, que participaría. Era bajo seudónimo, con lo cual se garantizaba la limpieza, pero además M. (que ha formado parte del jurado) me ha dicho que no reconoció mi estilo en ningún momento, porque ella solo me había leído en mis novelas infantiles-juveniles. Este premio me permite volver al pueblo de mi abuelo, donde no tengo parientes, pues la familia era trashumante en razón de su oficio (funcionarios en permanente situación de traslado); me alegra ir con mi hijo mayor, que prometió acudir a acompañarme si me daban premio. Parece que ciertos círculos se cierran...
La obra premiada se titula "Aprendiendo a ser mayor". Curiosamente se la debo a la peor persona que se ha cruzado conmigo por la vida, mi hermano menor F. Es una coincidencia que en mi última entrada hablara de temas familiares. Una de las virtudes de la literatura consiste en que, mediante la magia de la ficción, se puede transmutar y conjurar el mal, convirtiéndolo en materia literaria. Una carta moralmente repugnante que recibí de F. inspiró la escritura de este relato. La carta la he trascrito tal cual, añadiendo solamente una frase imprescindible para el hilo argumental de mi relato. Quede claro que la acción es ficticia, pero los sentimientos y emociones (y ciertas descripciones y diálogos) son absolutamente autobiográficos.
Ayer tarde tuve la satisfacción de reencontrarme con una antigua compañera de colegio que sé que me lee en este blog y que me comentó que, por razones distintas a las mías, ella comprendía perfectamente lo que yo escribía acerca de la familia. Me alegra encontrar complicidad en mis lectores.
Os contaré la fiesta en Castro del Río en una próxima entrada. Entretanto, que el mal pase sin veros ni tocaros, que el bien se detenga y os acompañe.

martes, 5 de junio de 2007

NO QUIERO SER ENIGMÁTICA, voy a ser directa. Hay gente que hace daño, a veces para beneficiarse, lo cual puede llegar a disculparse; otras, solo por hacer daño, sin más placer que producir mal a otro, lo cual me parece imperdonable: es una enfermedad moral de la que se habla poco, una especie de sadismo infinitamente más peligroso que la perversión sexual a que se suele referir ese nombre. La maldad existe en todas partes -en el trabajo, en el vecindario, en la familia, en la vida social- y la única defensa que he encontrado frente a ella ha sido la huida y la renuncia. El poder del mal me excede, me coge siempre indefensa, con la reacción tardía, con la incredulidad del "no es posible que esto me esté pasando", con la tristeza de la impotencia. Solo me queda contarlo, denunciarlo, casi siempre en vano. He denunciado situaciones injustas que ni siquiera iban contra mí, sino contra otras personas, y no he recibido respuesta. Hay gente que, siendo buena, y pudiendo actuar, prefiere no complicarse la vida y por eso el mal campa por todas partes como un torrente de lava maligna, contaminándolo todo. Sobrevivimos en esas pequeñas islas de bien que son la amistad, la consolación filosófica, la comunicación, los pequeños placeres de la vida que nos distraen y nos dan fuerzas para seguir, para no rendirnos.
En este mundo, el mal parece más fuerte que el bien. Por eso hay quien cree que tiene que existir otro mundo mejor donde todo se ponga en su sitio: la "sanción" kantiana. "Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz", me dijo una vez un sacerdote aludiendo al comportamiento de mis dos hermanos varones, que tantísimo me han perjudicado.
Si me roban o me estafan o me engañan para lucrarse, como ya me ha ocurrido en varias ocasiones, mal está, pero acabo perdonándolo. Lo que no puedo perdonar, lo que creo merece un juicio que, lamentablemente, no se da en este planeta, donde la "justicia poética" es solo literatura, lo que no perdonaré nunca es ese mal que se ejerce sin provecho alguno, solo para hurgar donde más duele, solo para arrebatarle a alguien lo que ama. He tenido la inmensa desgracia de que también me haya ocurrido esto. Como no sé si me dará tiempo a contarlo despacio, lo cuelgo en el blog para que se sepa por qué no me relaciono con mis hermanos ni, en consecuencia no deseada, con sus familias: porque ellos me han maltratado durante largos años como nadie en este mundo, porque me han robado lo más íntimo y mío en bienes y en derechos con una crueldad innecesaria, que ha horrorizado a cuantos conocen la historia. Porque han sido radicalmente injustos con quien merecía lo mismo que ellos y no lo ha tenido, espantosamente ingratos con quien se lo dio todo cuando lo necesitaron. Dicho queda. Como prometí, no me iré sin decirlo.