YO TAMBIÉN PUDE SER BANAZ.
Una noticia que me ha impactado y me ha herido de modo particular. Qué habría sido de mí si hubiera vivido unos kilómetros más al sur o unos años más atrás en el tiempo. Probablemente, me habría ocurrido lo que a Banaz.
Banaz es esa mujer que ha sido asesinada por su parentela masculina por osar enamorarse sin permiso. Yo hice lo mismo (enamorarme sin permiso de la familia) y mis dos hermanos varones, aunque no me mataron físicamente, sí acabaron conmigo emocionalmente, hasta el punto de destrozar todo el cariño que sentía por ellos, hasta el punto de despojarme de lo que me correspondía, de borrarme del libro de familia para que mi nombre no figurase como copropietaria de bienes familiares, como era de justicia (pero ya Federico dijo: "no compartiré nada contigo"). Nunca olvidaré mientras viva sus miradas de desprecio, sus hoscos silencios, sus insidias, sus burlas, sus insultos, sus exabruptos, ese ningunearme, ese aprovecharse de mí, la brutalidad de uno y la hipocresía de otro (sigo encontrando peor lo segundo que lo primero). Todo esto me viene a la cabeza cuando leo sobre ese crimen horrendo de una mujer joven, hermosa, fuerte, inteligente, al que unos varones probablemente mucho más limitados que ella en lo intelectual y en lo emocional, han asesinado sin piedad por el puto "honor", ese invento miserable con el que encubrir lo que puede ser fanatismo cerril, vanidad estúpida, codicia interesada. En eso consiste el "honor" tal como esa gentuza lo entiende. Ya decía Quevedo dónde estaba la honra... No voy a repetirlo para no pecar de soez.
Acabemos bien. Hoy he resuelto un problema dialogando sin rencor y sin ira. Esto me hace sentir bien. Claro que el mérito no es solo mío: también, al 50%, de la receptividad de la otra persona. No se puede dialogar con todo el mundo, doy fe de ello. Pero qué alegría más grande cuando sí se puede.
miércoles, 13 de junio de 2007
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