sábado, 23 de enero de 2010

YO TAMPOCO PUEDO DEJAR DE ESCRIBIR

Buscando otra cosa, he descubierto un blog magníficamente escrito, con crítica de la actualidad interesante, sensata, con la que me identifico al cien por cien; en sus entradas no hay ni un solo comentario y sin embargo el autor "no puede dejar de escribir", así lo reconoce. Yo tengo al menos un lector que me deja como comentario un absurdo y ridículo poema; esto me asusta y me preocupa un poco. ¿Vale la pena exponerse para comunicar? No chateo ni uso facebook, aunque me han invitando reiteradamente a ello. Mi único contacto fuera de mi correo electrónico es esta página de anónimos y desconocidos lectores.
Como mi amigo con el que no me atrevo a contactar y no sé si lo haré algún día, ese que no puede dejar de escribir, yo tampoco puedo. Dedicaré esta entrada a un augurio apocalíptico: alguien vendrá a poner orden, y limpiar los mocos duele, así que preparémonos. Vivimos en una sociedad absurda, en un país -ya no sé si uno o varios- dividido, sin principios morales, sin cohesión social, sin ideales comunes, sin proyectos conjuntos, sin querer definirnos, renunciando a nuestras señas de identidad, regidos por un individualismo feroz y amoral que busca la ganancia fácil, que premia al malo y castiga al bueno, que confunde cortesía con antigualla, que quema la tierra sin pensar en el mañana. A pesar de todo, hay una juventud excelente que trata de buscarse la vida, hay personas honestas y competentes que tiran del carro, hay más de diez justos escondidos entre miles de sinvergüenzas y supongo que por eso aún no nos ha caído el fuego del cielo. Esto es lo que hay y como yo, a mi edad, nada puedo solucionar, excepto tratar de ser honrada en mi diminuta parcela, de sobrevivir cada día en el trabajo como si fuera robinson en la isla, como cuando me peino en casa aunque esté sola y nadie me vea, pues he decidido que en cuanto pueda me voy, que me aplicaré el consejo del sabio, que la única salida es "retirarse del mundanal ruido".
Me dice A. que ahora está el caballo encima del jinete. Tiene razón. Anoche se me ocurrió encender la tele mientras cosía -algo que todavía hago antes de tirar la ropa a la basura- y como no quería ver película empezadas, me topé con una ¿periodista? metida a cantante, que no sabe cantar, que actúa de un modo ridículo y patético y que se toma en serio, que es lo peor; no se conceptúa bufón de nuestra corte global, se atreve a compararse con una artista profesional y a regarla de su mala baba y encuentra quien le ríe las gracias -ay, j.j., tú que eres inteligente, lo que haces por ganarte el pan, seguro que en tu fuero interno sientes escalofríos-; y si cambio de canal, me encuentro a un grupo de ¿periodistas? que están interesados en un señor que gestionó la carrera musical de su hermana, célebre cantante ya varios años difunta, y al parecer es de común interés saber si este señor es infiel o no a su esposa, si sisó o no a su hermana difunta, si debe dinero a alguien, y este señor va y lo cuenta todo cobrando por ello; y esto es serio, y esto es un programa de la tele, y esto lo ven millones de personas (yo, por supuesto, no, solo los segundos justos en que duró la presentación). Zapeo en vano, guardo la costura y cojo un libro para no vomitar.

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