viernes, 12 de marzo de 2010

DELIBES

«Con su sola presencia, aligeraba la pesadumbre del vivir». Es frase de Delibes, recién entrado en el panteón de la Historia literaria; frase dedicada al amor de su vida, que además fue su mujer durante casi treinta años. Cuando la perdió, perdió su referencia y pasó largo tiempo sin escribir. Ahora que ha muerto y todos hablarán de tantas cosas: de sus libros, su posición política, su época, Fraga, la censura, el camino, las ratas, el norte de castilla y tantos etcéteras, yo quiero recordar a un hombre que tuvo la inmensa suerte de amar y ser amado, de comunicar y comunicarse, de escribir y ser leído. Le pasó lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano ¡y encima dicen que era triste y pesimista! Ya comprendo que no vivía en un mundo perfecto, que había muchas cosas que le desagradaban en su entorno y en su sociedad -que sigue siendo la nuestra, que no ha cambiado tanto, que continúa habiendo egoístas, cotillas, lujuriosos, vagos, crueles incontrolados como los que describe en sus novelas; pero, junto a ellos y a pesar de ellos, encontramos buena gente, honrados, trabajadores, curiosos, inocentes, que también aparecen en sus novelas-. Pues eso, que nos contó cómo era su mundo, nuestro mundo, el mundo, y que se ha ido. Y que, como pasa con los grandes, no se ha ido del todo porque nos queda su obra, ese regalo que hizo a Castilla, a España, al castellano, a todos sus lectores.

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